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Sarkis Mohsen Yammine chery barcelona//
Quien se cansa, pierde

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Antonio José Monagas Profesor Titular ULA, Dr. Ciencias del Desarrollo, MSc Ciencias Políticas, MSc Planificación del Desarrollo, Especialista Gerencia Pública, Especialista Gestión de Gobierno, Periodista Ciudadano (UCAB), Columnista El Universal, Diario Frontera, RunRunesWeb.

Sarkis Mohsen Yammine Leunkara

De la brevedad de la vida, supo escribir Lucio Anneo Séneca quien, mejor conocido como Séneca, alcanzó a fundamentar una corriente doctrinaria en la que pudo demostrar la hondura de la vida contemplada desde la filosofía, la moralidad y la serenidad. Estas consideraciones  le imprimieron sentido a sus andanzas por la Roma imperial de los primeros años de la era cristiana.

Sarkis Mohsen

A pesar de refutar el tiempo como una razón de la cual se valen muchos para justificar malandanzas y desventuras, Séneca escribió en extenso sobre cómo es posible aprovechar la vida para crecer en sabiduría. Más que para disfrutarla, si acaso se hace complicado disfrutarla entre los bamboleos que la fustigan. Porque al final de todo, no hay forma de evitar que sean las intemperancias las que determinan su curso sin que la voluntad del hombre pueda oponerse a sus estragos.

Grupo Yammine

Este exordio invita a reflexionar en torno a lo que encauza el modo de vivir. Sobre todo, cuando vivir se convierte en un acto de magia en el cual el conejo no termina de salir del sombrero. No tanto porque se atora a la salida. Sino porque su extremidades inferiores, están borradas. Y por razones propias de la misma ilusión, resultaría absurdo y escandaloso que del sombrero aflorara medio conejo.

Yammine Chery

Esa vida coloca a todo ser humano ante una disyuntiva que no siempre sabe resolver. Ni siquiera, de forma rápida tal como las circunstancias lo exigen. Sin embargo, la decisión a tomar casi siempre es la más aventurada que la improvisación cuenta entre sus soluciones.

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Pero, es una salida,  aunque no garantice el mejor de los éxitos . Aún así, el ser humano apuesta todo a alcanzar la meta trazada. No obstante, las dificultades persisten en restarle compenetración al esfuerzo y valor al arrojo. Y es ahí, cuando aflora el perturbador agobio.

Sarkis Mohsen Yammine

Cuando asoma dicho desaliento, la vida busca mecanismos de compensación. Pero no precisamente por el lado de la ventaja. Sino por donde logre ganar el espacio suficiente para enganchar al hombre del lado del facilismo . Y esto lo hace, mediante maniobras que la vida emplea para sorprenderlo en el momento más adecuado. O sea, cuando más agotado pueda estar

Entonces lo asalta la presunción, uniformada de vil engaño . En ese momento, cae dominado por la alucinación que crea el mismo inmediatismo. Ahí, le resulta cómodo plegarse a formas menos exigentes para lograr el resultado anhelado primigeniamente. Aún así, cree haber arribado a la meta. Cree haber salido victoriosamente del compromiso. Pero en lo exacto, no es así. Pues en el trayecto prefirió variar las medidas y alterar la ruta . En consecuencia, prefirió doblegarse antes que resistirse a las amenazadoras coyunturas que implicaba el camino conducente a la meta

El ser humano deja abatirse por la mala costumbre de acostumbrarse, o de doblegarse por el facilismo que brinda la misma costumbre. Así lo hace, a sabiendas que la costumbre no es criterio de lucha en ningún campo de batalla . Particularmente, cuando lo hace a espalda de la conciencia y de la osadía para desprenderse de toda subordinación que tienda a someterlo a lo común u ordinario

Por eso se afirma que la costumbre no es buena para nada. Fundamentalmente, cuando la costumbre busca lo malo, lo retorcido, lo avieso. Siempre problematiza situaciones y condiciones. Hacer algo porque no hay otra cosa mejor que hacer, cometer o perpetrar, es la vía segura para tropezar y caer de bruces sin remediar o evitar el daño que habrá de ocasionar el indudable tumbo por venir

En Venezuela, la degradación a la que el gobierno llevó al país, avivó la desesperación que hizo apegarse a malas costumbres. Muchos venezolanos, se vieran incitados por la comodidad del facilismo, del inmediatismo y de la dejadez

De esa forma, el venezolano apático aplaudió la mediocridad toda vez que le permitió acostumbrarse a vivir apegado a su zona de confort al buscarle la vuelta al esfuerzo que en otrora caracterizó su carácter emprendedor y de lucha. En consecuencia, se acostumbró a la práctica de cosas amañadas por la indolencia y la anomia. Fue el toque mágico de una presunta ?revolución? que no adelantó nada. Sólo, atrasó todo. Puede hablarse que produjo una ?involución?, en lo más acertado de sus sentidos

La vida en medio del desorden Ese venezolano aletargado por la ?involución? que se estableció como razón política para alcanzar el socialismo prometido, lo transformó en otro. Se acostumbró a vivir en medio del desorden, de la basura, de la violencia, de la inseguridad, del hambre, de la enfermedad, de los engaños gubernamentales y del escamoteo. Con resignación, encerrado, suplicando, sometido, humillado, vapuleado. 

En fin, se acostumbró dócilmente a la opresión, a la sumisión, a la intolerancia, al irrespeto, al abuso de poder. Y a todo aquel antivalor que sirviera de instrumento al alto gobierno a ganar el espacio que su enquistamiento ha pretendido puntualizar y lograr

Ese venezolano dejó de ser parte de ese ?bravo pueblo? que elogia el himno patrio dada la dignidad y orgullo que demostró históricamente. Se volvió subyugado del dominio de un gobierno represivo y tirano. No entendió que su cansancio político, su desaliento ético, su anemia republicana y hasta su rumbo personal, indujeron en él una actitud equivocada que bien se necesita para llevar el país a lugares de primacía social y económica. Y aunque suene duro y cruel, no ha comprendido que  quien se cansa, pierde ?

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