Economía

Armas químicas: doble moral global

La población de Duma, en Siria, fue atacada con armas químicas, en un hecho atribuido al gobierno de Al Asad. Para ‘disuadirlo’, Donald Trump activó un bombardeo con 103 misiles. Lo paradójico es que EE.UU. aún conserva ese tipo de arsenales.  

Una hora y 10 minutos de infierno. EE.UU. y sus aliados Francia y Reino Unido activaron la noche del viernes un bombardeo a Siria, para el cual dispararon 103 misiles Tomahawk y Shadow Storm, desde los mares Rojo y Mediterráneo. 

Resultados: la destrucción de un centro de investigación en armas químicas, una bodega de dichos materiales y un recinto militar relacionado con esta actividad. Así Donald Trump encendió una nueva tormenta y no tuvo empacho en decir “misión cumplida”.

¿Por qué lo hizo? Por dar una respuesta, dijo, al ataque con armas químicas a la población de Duma, el pasado 7 de abril, en un hecho atribuido al gobierno de Al Asad. Textualmente mencionó que estas operaciones buscan “establecer una disuasión fuerte contra la producción, distribución y uso de armas químicas”.

Lo paradójico de este asunto es que el trío de los bombardeos conserva importantes arsenales de otra fuente destructiva: armas nucleares. EE.UU. es el país que más gasta en este tipo de elementos y el único que los ha usado en guerra. Actualmente su inventario suma 1.700 ojivas.

Francia y Reino Unido, de su lado, cuentan con 300 y 225 misiles, respectivamente. Los dos países mantienen, asimismo, flotas de submarinos con cabezas nucleares.

Además de esto, EE.UU. mantiene todavía arsenales químicos, pese a que pertenece a la Convención sobre la prohibición del desarrollo, producción, almacenamiento y empleo de armas químicas. Washington ha dicho, en todo caso, que en los próximos cinco años destruirá sus arsenales químicos.

Actualmente 192 países son suscriptores de dicha convención, excepto Egipto, Israel, Sudán del Sur y Corea del Norte. Sin embargo, el panel de expertos de la coalición teme que los países firmantes y que aún tienen armas químicas no hayan revelado la realidad de sus bodegas a los inspectores internacionales. (IFP)