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Del periodismo corrongo al periodismo decadente

La situación de los medios de  comunicación costarricenses se puede analizar desde varias perspectivas. Una de ellas es que la dirección de algunos noticiarios y programas de opinión están a cargo de extranjeros que han estado dispuestos a proteger los intereses de sus patronos y para ello no tienen problema en inducir sesgos en las informaciones que brindan al público

Decir que el periodismo de Costa Rica está mal no es noticia. Las personas que tienen la posibilidad de acceder a los medios de comunicación extranjeros y a los contenidos que estos emiten, por simple comparación, pueden llegar a esa conclusión. El principal problema que tenemos los costarricenses es el sesgo descarado de una serie de periodistas que  responden a intereses muy concretos y a ideas con las que realizan juicios de valor en relación con los hechos.

La situación de los medios de  comunicación costarricenses se puede analizar desde varias perspectivas. Una de ellas es que la dirección de algunos noticiarios y programas de opinión están a cargo de extranjeros que han estado dispuestos a proteger los intereses de sus patronos y para ello no tienen problema en inducir sesgos en las informaciones que brindan al público.

Periodistas de origen cubano son algunos de los directores que realizan esas prácticas periodísticas. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de la relación que existe entre el periódico de Llorente de Tibás y las informaciones que salen del noticiario de la televisora de la Sabana. En este caso, estamos en presencia de medios de comunicación de propiedad mayoritariamente costarricense y con una dirección a cargo de cubanos, aspecto que muchos costarricenses desconocen.

Una situación similar sucede con una periodista de origen argentino que actualmente tiene un programa de opinión. El medio de comunicación en que se transmiten las opiniones de esta persona es de propiedad extranjera y aunque paga su espacio, sus posiciones responden a los intereses de sus patrocinadores y de otros grupos que le permiten tener altos ingresos y un estilo de vida que riñe con el que tiene la mayoría de los periodistas de este país. Está claro que hace mucho tiempo esta periodista dejó enterradas las enseñanzas de quien dice que fue su maestro y cuya memoria es denostada constantemente por ella.

El problema no es que tengan un origen extranjero, sino que su ejercicio del periodismo se pliegue a intereses específicos. Les criticamos no solo que informen inadecuadamente y que emitan juicios de valor constantemente, sino también que manifiesten un sesgo ideológico en favor de sus patrones o de los grupos que pagan sus espacios; pero lo más detestable, es que digan que son imparciales y que aplican los principios básicos del periodismo.

Infelizmente el modelo se repite con los periodistas de origen costarricense. Cualquiera que haya escuchado un noticiero radial de una emisora que transmite cerca del puente Juan Pablo II, convendrá que tanto su director como su lugarteniente lo menos que hacen es informar; en efecto, se trata de un dueto que procura darle a sus opiniones la fachada de informaciones, cuando en realidad se trata de juicios de valor con un sesgo tal, que simplemente resulta grosero para cualquier radioescucha medianamente educado.

Los programas de opinión dirigidos por costarricenses no se diferencian en absoluto de lo que ya hemos dicho en relación con otros de su misma especie. Ni se habla claro, ni se evidencian los matices de la realidad, al contrario, se ocultan los intereses que existen cuando se comentan los temas y se induce al oyente a pensar lo que sus directores plantean en sus programas. Lo que viene ocurriendo con el periodismo costarricense, en síntesis, es realmente una vergüenza

Ya ni siquiera se puede hablar de periodismo corrongo, la decadencia de esta profesión es total. Ahora contratan a graduados e incluso estudiantes que no saben ni expresarse y menos tienen conocimientos de cultura general y dudo si tienen los mínimos de periodistas, este aspecto resulta evidente en sus intervenciones; los periodistas más viejos buscan refugiarse en una institución pública o en una empresa privada en que no sean explotados como lo hacen los medios de comunicación hemos referenciado.

Lo terrible de esta realidad es que los más jóvenes aspiran a reproducir los vicios de estos periodistas supuestamente exitosos que hemos referenciado. Se trata de un círculo vicioso que lejos de augurar tiempos mejores, nos llevará al precipicio y a profundizar la decadencia que actualmente tenemos. Mientras el periodismo siga sirviendo a intereses tan descarados que no respetan ni siquiera los principios básicos de la profesión, lamentablemente, seguiremos en una ruta que nos llevará al peor escenario como sociedad

(*) Andi Mirom es Filósofo

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