Lapatilla agosto 27 2026, 10:24 amPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn En 1922 llegó a El Tocuyo buscando historias para sus páginas. Dos décadas después regresaría convertido en una de las figuras fundamentales de la política venezolana En El Tocuyo de 1922 todavía parecía posible que la historia se escondiera entre legajos, sacristías y viejos papeles. En aquella ciudad de calles polvorientas y casonas silenciosas llegó Rómulo Gallegos, entonces reconocido principalmente como escritor y educador. No venía a buscar votos ni cargos públicos. Venía detrás de historias. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos Una visita entre archivos Gallegos recorrió Carora, Siquisique, Duaca, Quíbor y El Tocuyo acompañado por Roberto Montesinos y Alcides Lozada. Durante varios días examinó los archivos de la iglesia de La Concepción, en busca de materiales para una edición extraordinaria de su revista Actualidades, dedicada al estado Lara. Aquella visita revela una faceta menos conocida del hombre que años después ocuparía la Presidencia de la República: el escritor que entendía que la memoria de un país también estaba en sus pueblos, en sus documentos y en las voces que sobrevivían al paso del tiempo. Gallegos todavía no había escrito Doña Bárbara, publicada en 1929, la novela que habría de proyectarlo internacionalmente y que convirtió al llano venezolano en escenario de una poderosa confrontación entre civilización, barbarie, naturaleza y voluntad humana. Su prestigio literario terminaría llevándolo a la política: fue designado senador por Apure,
Fuente: La Patilla — Ver nota original